martes 24 de noviembre de 2009

Orgulloso de estar maduro.

Vale, no lo suficiente maduro para entender que uno no puede levantarse de la cama para escribir la primera tontería que se le pasa por la cabeza, y luego encima pasarse el día siguiente lamentándolo, pero supongo que se debe a que estoy nervioso, se acerca “fin de año” (y lo entrecomillo porque para mi en enero no empieza ni acaba nada) y parece que las cosas van a cambiar a mi alrededor.
Espero cambiar mi nido y poner mi huevos (literalmente) en otro sitio (perdón por la imagen).

El caso es que esta semana los cambios han empezado a desencadenarse, y han comenzado por el franco más intrascendente en mi esquema vital, el trabajo. Con la marcha de R. creo que muchas cosas van a cambiar, primero porque no va ser lo mismo sin ella, pero además porque es la primera piedra que rueda por la montaña en pleno alud…

Y a todo esto, me pongo a pensar y digo; Coño, he sido capaz de manejar información confidencial, de una manera responsable, he sabido cosas que no he contado, que no he “compartido” sin permiso, y he procurado pensar 2 veces antes de abrir mi bocaza…

¿SERA SOLO EL PRINCIPIO, DE OTRO GRAN CAMBIO?